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Este es uno de los errores de higiene más comunes

Así lo señala el tecnólogo alimentario Mario Sánchez, también divulgador científico, en su cuenta de Twitter, donde pone bajo la lupa uno de los elementos más habituales de nuestros restaurantes: el pan.

No hablamos de una práctica en teoría abolida como es la de reutilizar el pan que los clientes no consumen. Ya sea volviéndolo a servir en otra mesa o aprovechándolo para convertirlo en migas, pan rallado o volver a usarlo en cocina, algo que está absolutamente prohibido.

En este caso, el gesto que crítica Sánchez desde Twitter tiene más que ver con el propio recipiente donde colocamos el pan que con el propio pan. Apunta directamente a las clásicas cestas de mimbre o paneras en las que se suele poner el pan cortado y que, en sus palabras, es una auténtica "marranada".

Lo dice sobre todo en aquellos casos en los que además no hay ni una mínima servilleta que separe el pan de la propia cesta, lo cual podría minimizar una posible contaminación que, como explica en el vídeo, es difícil de evitar.

Y lo es por la propia composición de las paneras de mimbre, pues se trata de un material poroso que, además, por su forma se hace más complicado de limpiar en profundidad, permitiendo que migas y resto de suciedad se queden allí acumulados.

El material afecta de forma directa a la manera de conservar los alimentos y, en este caso, la porosidad del mimbre y el trenzado dificultan enormemente que se limpie bien o que, directamente, no se limpie. Si a eso le sumamos que se trata de un objeto que se suele apilar en cualquier parte y que, sobre todo, tocan muchísimas personas, aumentamos el riesgo de que los patógenos campen a sus anchas por él.

Lo que sugiere Mario Sánchez es, al menos, poner una servilleta de papel entre el pan cortado y la propia panera.

Aunque lo más recomendable sería utilizar recipientes no porosos y fáciles de limpiar como podría ser un cuenco metálico, cerámico o de plástico, que serán siempre más higiénicos que el enrevesado trenzado del mimbre.

Este es uno de los errores de higiene más comunes

Así lo señala el tecnólogo alimentario Mario Sánchez, también divulgador científico, en su cuenta de Twitter, donde pone bajo la lupa uno de los elementos más habituales de nuestros restaurantes: el pan.

No hablamos de una práctica en teoría abolida como es la de reutilizar el pan que los clientes no consumen. Ya sea volviéndolo a servir en otra mesa o aprovechándolo para convertirlo en migas, pan rallado o volver a usarlo en cocina, algo que está absolutamente prohibido.

En este caso, el gesto que crítica Sánchez desde Twitter tiene más que ver con el propio recipiente donde colocamos el pan que con el propio pan. Apunta directamente a las clásicas cestas de mimbre o paneras en las que se suele poner el pan cortado y que, en sus palabras, es una auténtica "marranada".

Lo dice sobre todo en aquellos casos en los que además no hay ni una mínima servilleta que separe el pan de la propia cesta, lo cual podría minimizar una posible contaminación que, como explica en el vídeo, es difícil de evitar.

Y lo es por la propia composición de las paneras de mimbre, pues se trata de un material poroso que, además, por su forma se hace más complicado de limpiar en profundidad, permitiendo que migas y resto de suciedad se queden allí acumulados.

El material afecta de forma directa a la manera de conservar los alimentos y, en este caso, la porosidad del mimbre y el trenzado dificultan enormemente que se limpie bien o que, directamente, no se limpie. Si a eso le sumamos que se trata de un objeto que se suele apilar en cualquier parte y que, sobre todo, tocan muchísimas personas, aumentamos el riesgo de que los patógenos campen a sus anchas por él.

Lo que sugiere Mario Sánchez es, al menos, poner una servilleta de papel entre el pan cortado y la propia panera.

Aunque lo más recomendable sería utilizar recipientes no porosos y fáciles de limpiar como podría ser un cuenco metálico, cerámico o de plástico, que serán siempre más higiénicos que el enrevesado trenzado del mimbre.