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Mexicanos en China

“La vida hay que llenarla de experiencias, al final los recuerdos son lo único que te llevas y quería tener el registro de todo”, dice Maximiliano sobre el pensamiento que lo llevó a registrar su vida en China junto a su novia, Noelia, en videos. Y estos, al exponerlos en redes sociales, le generaron a la pareja reconocimiento y, sobre todo, una comunidad.

Mexicanos en China es el nombre del proyecto con el que desde hace dos años los enamorados han mostrado diversos aspectos del país asiático: desde su comida callejera más curiosa hasta cómo es una boda tradicional, pasando por las creencias religiosas que hay y la reacción de los locales al escuchar por primera vez a Luis Miguel.

La historia de amor de la pareja comenzó en México, cuando él estaba estudiando derecho y ella ingeniería química: “Max y yo íbamos en la misma universidad, una tarde yo estaba tomando café con mis amigas, me encontró en la cafetería, dijo ‘Me gusta esta chica, voy a ver cómo le hablo’ y se inventó una encuesta. Total, que fueron pasando todas mis amigas y al final mi última amiga no quiso pasar, me tocó a mí, y después de eso me invitó a salir”, recuerda Noelia en entrevista con MILENIO.

Para el momento en que comenzaron su noviazgo, Max ya tenía a China arraigada en su corazón, pues “yo había estado ahí en 2010, me fui con una amiga después de la preparatoria que me dijo ‘Quiero ir a estudiar chino un rato’. Vivir en China es algo tan diferente y tan enriquecedor que me quedé con muchas ganas de volver. Yo quería hacer ahí la universidad, pero por temas de colegiaturas no se pudo, entonces me regresé y siempre quise volver, estuve cultivando la idea unos cuatro años”.

Tras acabar su carrera, Max consiguió un trabajo en China y le propuso a Noelia llevar la relación a distancia. Así transcurrió poco tiempo, porque pronto Noelia lo fue a visitar y “le cayó la pandemia”. Entre todo lo malo, algo que se le puede agradecer al covid-19: hizo que formaran un hogar en el país asiático.

“Pasó un mes de que aterricé y nos pusieron en confinamiento – recuerda Noelia –. Max y yo nos unimos muchísimo en ese tiempo, y en general vivir en ese país me abrió la mente a cosas que yo decía ‘Son así’… El choque cultural: la gente, los modales son distintos, la comida es distinta, el no tener la comida de tu casa te hace sentir en un ambiente extraño”.

Max la secunda:

“Sí hay un choque bastante fuerte porque si hay un país que es completamente diferente a las culturas occidentales, ese es China; por su historia, porque por mucho tiempo estuvo aislado, por su cultura, la barrera del idioma es bastante grande. Es un choque desde que te bajas del aeropuerto ver cómo se conduce la gente, sus tratos; nosotros los mexicanos somos muy cálidos y allá en China no es así, pero no por algo malo, sino porque así se lleva la cultura”.

Un proyecto que comenzó en pandemia

La pareja apenas se estaba adaptando al nuevo estilo de vida cuando la pandemia cambió todo: “Fue un proceso complicado, los primeros seis meses no teníamos ningún conocido, ningún amigo”, cuenta Max.

“La gente estaba en sus casas, no había bares ni restaurantes, todos estaban cerrados por ley, entonces no había ni dónde juntarse ni conocer gente”, señala Noelia.

En este periodo pandémico, la pareja vivió atenta a los rebrotes del virus, los nuevos confinamientos y a las experiencias, a veces tensas, que les contaban: “Una amiga que vivía en Shanghái estuvo confinada durante 15 días en una especie de bodega, dormía casi don 2 mil personas en el mismo piso y no apagaban las luces… Dice que no estuvo tan mal”, comparte Max.

Ante el encierro, él propuso: “¿Por qué no grabamos?”. Y ella, al principio renuente, poco a poco fue tomando más protagonismo en el proyecto, que al momento ostenta 5.8 millones de suscriptores en YouTube y 335 mil seguidores en TiKTok.

“Somos un excelente equipo, compaginamos muy bien nuestros talentos. Por eso, y por la comunidad tan linda que ha crecido, es por lo que estamos aquí”, resalta Noelia.

¿Qué sigue para Mexicanos en China? “Vamos ir a vivir a las montañas, a una comunidad bastante pequeña – confiesa Max con entusiasmo –. No es una ciudad como vivimos ahorita, y nos vamos a meter ahí a estudiar chino de tiempo completo y enseñar esa China rural que no aparece en la televisión. Gracias a YouTube hoy lo podemos lograr”.

Diferencias y similitudes

¿Cómo es ser una pareja en China?

“En México te puedes encontrar en una plaza o el cine a alguien besándose apasionadamente, pero eso no lo vas a ver en China. Por ejemplo, vamos en el centro comercial y Noelia es muy afectuosa, y de pronto de broma le digo ‘Estamos en China, aquí no se puede hacer eso’. Pero fuera de eso creo que hay una división entre ser extranjero y ser chino, nosotros, si nos besamos en público, no hay problema, aunque es algo que la gente ahí no haría. Y otra cosa: se dan regalos, en realidad se dan dinero; por ejemplo, cumples años con tu novia y como novio le das un sobre rojo con dinero”, responde Max.

¿Hay un movimiento feminista en China?

“Sería difícil para mí describir porque mucho de esto a lo mejor se puede vivir en las redes sociales chinas, pero nosotros como extranjeros estamos un poco en otra burbuja, no nos enteramos mucho. Por ejemplo, de cosas que eran más cercanas a nosotros como el covid, en 2020 yo me enteré antes por mis papás que por las noticias chinas, siempre hay un poco de desconexión”, cuenta Noelia.

¿Qué tal la gastronomía?

“Entre China y México no hay mucha diferencia, es más un prejuicio. En México comemos patas de pollo, comemos tripas, pero nunca he visto rata; a lo mejor sí hay esos mercados donde puedes encontrar esas delicias, pero ahí en México está el mercado donde se comen todo tipo de insectos. Creo que el mexicano y el chino tienen en común que son de buen comer, que son de mente muy abierta y no se cierran a experiencias nuevas simplemente por la concepción que se puede tener de ellas”, comparte él.

Ya hablamos de algunas diferencias. Ahora, ¿qué similitudes hay entre chinos y mexicanos?

“Hay bastantes. Por ejemplo, el valor de la familia. Creo que tanto para un mexicano como para un chino no hay nada más importante, al menos en mi perspectiva así es, que la familia; allá las familias se mantienen juntas durante muchísimo tiempo, e incluso es muy común que los papás se vengan a vivir a la casa de la pareja recién casada para cuidar a los niños, es algo que se da por sentado y se aprecia muchísimo”, señala Max.

Por último, ¿qué factor social hace que China sea una potencia?

“China se ve a sí mismo como un grupo, un barco donde todos deben remar en la misma dirección, y están muchas veces dispuestos a sacrificar al individuo en favor del colectivo. Eso obviamente tiene sus pros y contras, pero si hablas con un chino te puedes dar cuenta que están enfocados en crecer juntos. Todos jalan en una misma dirección y es algo de admirar”, dice Max.

Y Noelia coincide: “Es una cultura muy de unidad, de ‘todos tenemos que trabajar’”.

Mexicanos en China

“La vida hay que llenarla de experiencias, al final los recuerdos son lo único que te llevas y quería tener el registro de todo”, dice Maximiliano sobre el pensamiento que lo llevó a registrar su vida en China junto a su novia, Noelia, en videos. Y estos, al exponerlos en redes sociales, le generaron a la pareja reconocimiento y, sobre todo, una comunidad.

Mexicanos en China es el nombre del proyecto con el que desde hace dos años los enamorados han mostrado diversos aspectos del país asiático: desde su comida callejera más curiosa hasta cómo es una boda tradicional, pasando por las creencias religiosas que hay y la reacción de los locales al escuchar por primera vez a Luis Miguel.

La historia de amor de la pareja comenzó en México, cuando él estaba estudiando derecho y ella ingeniería química: “Max y yo íbamos en la misma universidad, una tarde yo estaba tomando café con mis amigas, me encontró en la cafetería, dijo ‘Me gusta esta chica, voy a ver cómo le hablo’ y se inventó una encuesta. Total, que fueron pasando todas mis amigas y al final mi última amiga no quiso pasar, me tocó a mí, y después de eso me invitó a salir”, recuerda Noelia en entrevista con MILENIO.

Para el momento en que comenzaron su noviazgo, Max ya tenía a China arraigada en su corazón, pues “yo había estado ahí en 2010, me fui con una amiga después de la preparatoria que me dijo ‘Quiero ir a estudiar chino un rato’. Vivir en China es algo tan diferente y tan enriquecedor que me quedé con muchas ganas de volver. Yo quería hacer ahí la universidad, pero por temas de colegiaturas no se pudo, entonces me regresé y siempre quise volver, estuve cultivando la idea unos cuatro años”.

Tras acabar su carrera, Max consiguió un trabajo en China y le propuso a Noelia llevar la relación a distancia. Así transcurrió poco tiempo, porque pronto Noelia lo fue a visitar y “le cayó la pandemia”. Entre todo lo malo, algo que se le puede agradecer al covid-19: hizo que formaran un hogar en el país asiático.

“Pasó un mes de que aterricé y nos pusieron en confinamiento – recuerda Noelia –. Max y yo nos unimos muchísimo en ese tiempo, y en general vivir en ese país me abrió la mente a cosas que yo decía ‘Son así’… El choque cultural: la gente, los modales son distintos, la comida es distinta, el no tener la comida de tu casa te hace sentir en un ambiente extraño”.

Max la secunda:

“Sí hay un choque bastante fuerte porque si hay un país que es completamente diferente a las culturas occidentales, ese es China; por su historia, porque por mucho tiempo estuvo aislado, por su cultura, la barrera del idioma es bastante grande. Es un choque desde que te bajas del aeropuerto ver cómo se conduce la gente, sus tratos; nosotros los mexicanos somos muy cálidos y allá en China no es así, pero no por algo malo, sino porque así se lleva la cultura”.

Un proyecto que comenzó en pandemia

La pareja apenas se estaba adaptando al nuevo estilo de vida cuando la pandemia cambió todo: “Fue un proceso complicado, los primeros seis meses no teníamos ningún conocido, ningún amigo”, cuenta Max.

“La gente estaba en sus casas, no había bares ni restaurantes, todos estaban cerrados por ley, entonces no había ni dónde juntarse ni conocer gente”, señala Noelia.

En este periodo pandémico, la pareja vivió atenta a los rebrotes del virus, los nuevos confinamientos y a las experiencias, a veces tensas, que les contaban: “Una amiga que vivía en Shanghái estuvo confinada durante 15 días en una especie de bodega, dormía casi don 2 mil personas en el mismo piso y no apagaban las luces… Dice que no estuvo tan mal”, comparte Max.

Ante el encierro, él propuso: “¿Por qué no grabamos?”. Y ella, al principio renuente, poco a poco fue tomando más protagonismo en el proyecto, que al momento ostenta 5.8 millones de suscriptores en YouTube y 335 mil seguidores en TiKTok.

“Somos un excelente equipo, compaginamos muy bien nuestros talentos. Por eso, y por la comunidad tan linda que ha crecido, es por lo que estamos aquí”, resalta Noelia.

¿Qué sigue para Mexicanos en China? “Vamos ir a vivir a las montañas, a una comunidad bastante pequeña – confiesa Max con entusiasmo –. No es una ciudad como vivimos ahorita, y nos vamos a meter ahí a estudiar chino de tiempo completo y enseñar esa China rural que no aparece en la televisión. Gracias a YouTube hoy lo podemos lograr”.

Diferencias y similitudes

¿Cómo es ser una pareja en China?

“En México te puedes encontrar en una plaza o el cine a alguien besándose apasionadamente, pero eso no lo vas a ver en China. Por ejemplo, vamos en el centro comercial y Noelia es muy afectuosa, y de pronto de broma le digo ‘Estamos en China, aquí no se puede hacer eso’. Pero fuera de eso creo que hay una división entre ser extranjero y ser chino, nosotros, si nos besamos en público, no hay problema, aunque es algo que la gente ahí no haría. Y otra cosa: se dan regalos, en realidad se dan dinero; por ejemplo, cumples años con tu novia y como novio le das un sobre rojo con dinero”, responde Max.

¿Hay un movimiento feminista en China?

“Sería difícil para mí describir porque mucho de esto a lo mejor se puede vivir en las redes sociales chinas, pero nosotros como extranjeros estamos un poco en otra burbuja, no nos enteramos mucho. Por ejemplo, de cosas que eran más cercanas a nosotros como el covid, en 2020 yo me enteré antes por mis papás que por las noticias chinas, siempre hay un poco de desconexión”, cuenta Noelia.

¿Qué tal la gastronomía?

“Entre China y México no hay mucha diferencia, es más un prejuicio. En México comemos patas de pollo, comemos tripas, pero nunca he visto rata; a lo mejor sí hay esos mercados donde puedes encontrar esas delicias, pero ahí en México está el mercado donde se comen todo tipo de insectos. Creo que el mexicano y el chino tienen en común que son de buen comer, que son de mente muy abierta y no se cierran a experiencias nuevas simplemente por la concepción que se puede tener de ellas”, comparte él.

Ya hablamos de algunas diferencias. Ahora, ¿qué similitudes hay entre chinos y mexicanos?

“Hay bastantes. Por ejemplo, el valor de la familia. Creo que tanto para un mexicano como para un chino no hay nada más importante, al menos en mi perspectiva así es, que la familia; allá las familias se mantienen juntas durante muchísimo tiempo, e incluso es muy común que los papás se vengan a vivir a la casa de la pareja recién casada para cuidar a los niños, es algo que se da por sentado y se aprecia muchísimo”, señala Max.

Por último, ¿qué factor social hace que China sea una potencia?

“China se ve a sí mismo como un grupo, un barco donde todos deben remar en la misma dirección, y están muchas veces dispuestos a sacrificar al individuo en favor del colectivo. Eso obviamente tiene sus pros y contras, pero si hablas con un chino te puedes dar cuenta que están enfocados en crecer juntos. Todos jalan en una misma dirección y es algo de admirar”, dice Max.

Y Noelia coincide: “Es una cultura muy de unidad, de ‘todos tenemos que trabajar’”.